13) El momento del recitado de la bendición

Se recita la bendición «Al Netilat Iadaim» tras la ablución y previo al secado de las manos. Aparentemente cabría preguntar por qué si comúnmente solemos recitar las bendiciones antes de realizar la mitzvá, de modo tal que consagramos nuestra intención ante la mitzvá, en el caso de la ablución de manos este orden se ve invertido.

Un motivo estriba en el hecho de que a veces no es posible recitar la bendición antes de la ablución, porque las manos están sucias y no corresponde bendecir en ese estado y por ello se bendice después del lavado. A los efectos de no generar confusión en el seno de quienes lavan sus manos, se fijó la costumbre de que todos deben recitar la bendición después de la ablución. Algo similar se da cuando un prosélito que se sumerge en la Mikve para completar su proceso de conversión recita la bendición por la inmersión después de realizarla, por cuanto que antes de la inmersión todavía era gentil y no podía recitar la bendición por la conversión (ver Tosafot Berajot 51(A)), Tur y Beit Iosef 158:11).

Además, el secado de las manos es parte del cumplimiento del precepto ya que no es agradable comer pan con las manos mojadas y la finalidad de la ablución es limpiar y purificar las manos antes de la comida (Rashí a Sotá 4(B), Mishná Berurá 158:45-46). Según esto, mientras se recite la bendición previo al secado de las manos se considera que se bendice antes de concluir el cumplimiento del precepto.

Dado que la bendición aplica o refiere a todo el proceso de la ablución, está prohibido interrumpir mediante el habla desde el comienzo de la ablución hasta la finalización del secado de las manos. Es necesario apresurarse en recitar la bendición inmediatamente después de la ablución así como apresurarse a secar las manos tras haber bendecido.