03) Lugar del lavado de manos

Según Rashí, el Rosh y numerosos juristas el agua de la ablución debe lavar todos los dedos hasta su sitio de unión con la mano, empero no es necesario lavar esta última. Por el contrario, según la opinión de Rif, Rambám y otros juristas, el deber del lavado de manos incluye toda la mano, desde la punta de los dedos hasta la muñeca.

Si bien por la base de la norma es posible adoptar una actitud más flexible pues el precepto de lavar las manos es de origen rabínico, la sentencia halájica final indica que es bueno adoptar una actitud más estricta y abluir toda la mano hasta la muñeca. Esto se deriva de lo que explica el Talmud Babilonio (Tratado de Shabat 62(B)) en cuanto a que todo aquel que desprecia (no es cuidadoso) el lavado de manos cae en la indigencia, y Rav Jisda atestiguó de su persona que solía abluir sus manos con abundante agua y en mérito de ello se tornó una persona rica. Por lo tanto, corresponde esmerarse en lavar toda la mano con abundante agua y no hacerlo mezquinamente vertiendo agua solamente sobre los dedos (Beit Iosef y Shulján Aruj 161:4, ver Beur Halajá).

Sin embargo, en caso de necesidad, cuando hay poca agua o cuando la palma de la mano exhibe lastimaduras, se puede confiar en la opinión flexible y lavar únicamente los dedos recitando la bendición correspondiente (Mishná Berurá 161:22).

Es oportuno aclarar que todos coinciden en que los dedos deben ser abluidos, existiendo discusión únicamente respecto de la palma de la mano. La regla general indica que la impureza se adhiere más fuertemente a las extremidades del cuerpo humano y por ello es claro que esta reside en los dedos en mayor medida que en el resto de la mano. Esta norma admite también la explicación de que la esencia interior del ser humano es pura, su intención interior está orientada hacia el bien, siendo que los conflictos y la impureza surgen de su encuentro con el mundo exterior. Por esta razón, la impureza reside más intensamente en las extremidades del cuerpo humano, lejos de su centro, lejos del corazón que alude a su pureza interior.

La misión última y principal del ser humano es la de confrontar con el mundo exterior, repararlo y elevarlo, siendo esta una función ejercida principalmente por las manos, pues por su intermedio se actúa, se hace y se comercia. Empero, durante la salida a su enfrentamiento con el mundo exterior, el hombre puede contaminarse e impurificarse del mal existente. Esta impureza se adhiere a los dedos que son la extremidad del cuerpo y se ocupan de las cuestiones mundanas. Los juristas debatieron si toda la mano se considera como extremidad corporal que absorbe impureza o únicamente los dedos.

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