03 – El caso de un enfermo cuya vida corre peligro.

En el caso de un enfermo a quien el ayuno le puede hacer correr peligro de vida, es preceptivo que coma y beba conforme a sus necesidades, ya que el deber de salvar su vida precede axiológicamente al precepto de ayunar, al igual que todos los demás mandamientos de la Torá, tal como está escrito (Vaikrá 18:5): «Observaréis Mis leyes y Mis mandamientos, los cuales habrá de cumplir la persona, para que viva con ellos. Yo soy HaShem». Nuestros sabios explicaron este versículo en el Talmud Babilonio (Tratado de Yomá 85(B)) en cuanto a que el énfasis está puesto en «vivirá en ellas y no morirá por ellas». Esto obedece a que los preceptos fueron entregados para que la persona viva en conformidad a estos y no para que muera por llevarlos a la práctica (Pninei Halajá Shabat 27:1). Quien se encuentra en una situación de dudoso peligro de vida y opta por ser estricto y abstenerse de ingerir alimento o bebida algunos comete un pecado, ya que trasgredió el precepto de la Torá de cuidar su propia vida, tal como está escrito (Bereshit-Génesis 9:5): «Pero vuestra sangre-vuestra vida- demandaré» (Talmud Babilonio Tratado de Baba Kama 91(B)).

No nos estamos refiriendo únicamente a casos de gran peligro, sino también a situaciones en las cuales existe la probabilidad de que el ayuno lleve a la muerte del enfermo o que le debilite y afecte su capacidad de luchar contra su enfermedad. En un caso así, es preceptivo que el paciente se alimente conforme a su necesidad. También en el caso de quien está agonizando, si el ayunar puede acelerar su deceso es preceptivo que se alimente conforme a su necesidad ya que se puede quebrar el ayuno de Yom Kipur a los efectos de vivir un poco más.

Por otra parte, no es necesario exagerar en cuanto a temores por situaciones  médicas distantes o poco probables, ya que si veremos en cualquier dolencia un peligro de vida dejamos sin efecto la ley que indica que el enfermo debe ayunar en Yom Kipur. Esto y más, si exageramos nuestro temores y los proyectamos a escenarios poco probables, necesitaríamos internar a todas las personas engripadas o al menos exigir que reciban visita médica dos veces al día. Si habremos de temer por esos niveles de riesgo deberíamos prohibir que la gente viaje en avión o en automóvil por causa del peligro de accidente, y al menos deberíamos prohibir el uso de automóviles que no son exhaustivamente revisados una vez al mes. Deberíamos asimismo prohibir los paseos a pie, etc.

La regla general es la siguiente: todo peligro que lleva a las personas a trasladar a un enfermo al hospital en medio de su jornada laboral se considera peligro de vida, y a los efectos de evitarlo es preceptivo quebrar el Shabat así como comer y beber en Kipur. Sin embargo, en el caso de un peligro por efecto del cual no nos apresuramos a trasladar al enfermo al hospital invirtiendo en ello recursos y esfuerzos no se considera situación de peligro de vida.

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