05- Honrando al Shabat mediante los preparativos corporales y hogareños.

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Así como es necesario preparar vestimenta limpia y elegante para Shabat, de la misma manera es menester preparar el cuerpo para el sagrado día y esto se incluye en el precepto de “honrar al Shabat”. Por lo tanto, nuestros sabios dijeron (Tratado de Shabat 25(B)) que es preceptivo bañarse para el Shabat con agua caliente que limpia el cuerpo adecuadamente, y quien lo hace con agua fría o tibia no cumple con el precepto (Shulján Aruj 260:1). En el pasado, era difícil cargar agua para bañarse por lo que el precepto incluía el lavado de rostro, manos, piernas y cabeza, al tiempo que los más rigurosos se bañaban con agua caliente de cuerpo completo. Hoy día tenemos duchas y calentadores de agua  en cada hogar, por lo que es preceptivo bañarse completamente con agua caliente de cara al Shabat. Además, si antes de eventos sociales tomamos un baño caliente, obviamente que antes de que arribe la reina, el Shabat, es nuestro deber bañarnos meticulosamente.

No es bueno bañarse contiguo al horario de inicio de Shabat, no sea cosa que termine profanándolo al encender o apagar la luz o el calentador de agua a destiempo, lo que le ocasionará más perjuicios que beneficios.

Quien necesita de un corte de cabello y/o cortarse las uñas, es preceptivo que lo haga el viernes en honor al Shabat. Quien acostumbra a afeitarse, es preceptivo que lo haga el viernes de cara al Shabat. Tanto el corte de uñas como el afeitado es mejor realizarlos el viernes pasado el mediodía, ya que así es más claro que lo hizo para honrar al Shabat, aunque antes del mediodía también es un horario correcto para preparativos. Quien sabe que estará muy ocupado el viernes, puede cortarse el cabello y las uñas el día jueves (Shulján Aruj 260:1, Aruj Hashulján 260:6).

También es preceptivo preparar el hogar en honor al Shabat, limpiarlo, poner sobre la mesa un mantel bonito y acomodar las sillas alrededor de la misma. Hay que poner atención durante todo el transcurso del Shabat que la casa y la mesa estén ordenadas como corresponde (Shulján Aruj 262:1). Asimismo, corresponde poner la mesa de Shabat con vajilla, cubiertos y vasos bonitos.

Normalmente, las personas creen que la santidad se manifiesta únicamente en el ámbito de lo espiritual en actividades tales como el estudio y el rezo, mientras que la dedicación a las necesidades corporales tales como comer, dormir, el cultivo de la estética o el maquillaje  son sus opuestos y perturban las posibilidades de elevación espiritual. Estas personas suelen pensar que es preferible afligir al cuerpo, pues el origen de la mala inclinación está en las pasiones corporales. Es así que llega el Shabat y nos enseña que es posible consagrar lo físico, que la santidad puede manifestarse en una comida placentera, en una vestimenta elegante y en un hogar ordenado. Más aún, la completitud se alcanza cuando la santidad se manifiesta en todos los ámbitos de la vida, tanto el espiritual como el material.  Por esta razón nos saludamos unos a otros con el tradicional saludo “Shabat Shalom” (“Sábado en paz”), pues el Shabat logra hacer las paces entre el espíritu y la materia, y por este intermedio entre el marido y su esposa así como entre el hombre y su prójimo (ver arriba capítulo primero inciso 15).

A esto se referían nuestros sabios en el Tratado de Shabat (119(B)): “Dos ángeles acompañan a cada persona al retornar de la sinagoga camino a su casa, uno bueno y otro malo. Cuando llega a su hogar y ve las velas encendidas, la mesa arreglada y la cama tendida, el ángel del bien exclama: ojalá que el próximo Shabat sea así y el ángel malo responde “¡Amén!”  contra su voluntad. Pero de ocurrir lo contrario, el ángel del mal expresa: ¡Sea Su voluntad que el próximo Shabat sea así!, y el ángel del bien debe responder ¡Amén! en contra de su voluntad”.

En Shabat se pueden revelar los valores de la santidad de manera completa tanto en lo espiritual como en lo corporal, y por lo tanto si la casa y la mesa están correctamente arregladas, hasta el ángel malo debe responder “amén” mal que le pese.

Empero, cuando la casa y la mesa no fueron ordenadas como corresponde y los alimentos de Shabat se estropearon, es muy importante cuidar de no enojarse y no discutir, pues el mayor honor para el Shabat es que los miembros de la familia estén en paz y armonía unos con otros. Ya lo dijo el Rey Shlomó (Proverbios 15:17): “Mejor es comida de legumbres donde hay amor que un buey engordado donde hay discordia” y “Más vale un bocado de pan seco con tranquilidad que una casa llena de festines con reyertas” (ídem 17:9). El autor del Sefer Hajasidim (863) nos legó que: “Es mejor una comida de legumbres en Shabat con amor hacia su mujer e hijos, a un buey engordado donde hay odio, esto es, que no se preocupe una persona de comprar exquisiteces para Shabat sabiendo que va a discutir con su mujer o con sus padres o con sus parientes. Por eso está escrito en Ishaiahu (58:13): “y lo honrarás”, honrar al Shabat implica no pelearse en su transcurso.”

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