14- ¿Hasta qué punto debe uno esmerarse en la construcción de la sucá?

La sucá es una vivienda temporaria y naturalmente la vida en su interior resulta menos confortable que en una residencia permanente. Este es el precepto, habitar una vivienda temporaria los siete días de la festividad. Dado que la sucá es temporaria, no se nos ordenó que le hagamos paredes o techo cerrados y con aislamiento para proteger a sus habitantes de las inclemencias del tiempo como en el caso de una casa común. De esto resulta que a veces la permanencia en la sucá implique sufrimiento, lo cual exime del cumplimiento del precepto, pues quien sufre por las condiciones imperantes en la sucá está exento de habitarla (más adelante 3:8-10).

Por ejemplo, cuando hace mucho calor, o en noches especialmente frías, así como también mientras cae lluvia – estamos eximidos de habitar la sucá. Otro tanto aplica en el caso de una persona enferma a la cual habitar la sucá le produce malestar, estará exenta de hacerlo, y no recaerá sobre ésta el deber de erigir para sí una sucá suficientemente cómoda en la cual pueda residir con el mismo grado de confort que en su casa permanente (Maharaj Or Zarúa194).

Sin embargo, quien fue negligente en la construcción de su sucá de modo tal que sufre al habitarla con un clima común, no cumplió con el precepto. Ya que retroactivamente quedó en evidencia que actuó indebidamente al no construir una sucá digna de fungir como residencia temporaria, pues incluso en circunstancias climáticas comunes sufre al habitarla. Quien se conozca a sí mismo y sepa que es capaz de habitar una sucá pequeña y endeble sin por ello sufrir – puede hacerla y cumplir por su intermedio con el precepto festivo, a condición de que acepte sobre sí no argüir en medio de la semana de Sucot que la sucá es demasiado precaria y por lo tanto sufre al residir en ella (ver Bikurei Ya’akov 640:13, Mishná Berurá 640:24).

En opinión de muchas de las autoridades halájicas, quien erigió para sí una sucá no digna de dormir en ella, por ejemplo, si ésta se encuentra en un sitio en el cual soplan fuertes vientos y las paredes están hechas de red, y entonces tanto estos como el frío ingresan libremente, esta sucá no será apta ni siquiera para comer en ella.

Asimismo, quien construyó una sucá en un sitio por el cual merodean malhechores y por ende resulta peligroso dormir en su interior, no será apta ni siquiera para comer en ella. Esto es así ya que el precepto que recae sobre la persona es construir una sucá que sirva como vivienda temporaria tanto para comer como para dormir, y entonces, si la sucá no es apta para que se duerma en su interior, no ingresa en la categoría de vivienda temporaria y por ende tampoco es halájicamente válida para que se coma en ella (Yereim, Ramá 640:4).

Por su parte, hay quienes sostienen que una sucá que no es digna de que se duerma en su interior es válida para comer, y si bien quien la construyó actuó indebidamente al no preocuparse de que sea apropiada también para dormir, de todas maneras, sirve para comer y se puede cumplir en esta el precepto de comer en la sucá (Jajam Tzví). En caso de haber erigido una sucá común, en la cual sería posible dormir en la tierra de Israel, pero la persona en cuestión vive en un país con un clima frío y no le es posible hacerlo, será apta según todas las opiniones ya que la Torá no ordenó erigir un edificio permanente para que haga de sucá (ver Mishná Berurá 640:18).

A veces, una persona vive en un sitio en el cual precisa invertir enormes esfuerzos o ingentes sumas de dinero a los efectos de construir una sucá, y por la tanto, para erigirla debe dedicar esfuerzos semejantes a los que precisaría invertir para proveerse de un sitio cómodo en el cual habitar durante una semana. O sea, la persona debe pensar que si debiese evacuar su vivienda durante una semana, cuánto estaría dispuesto a esforzarse y a pagar para proveerse de un sitio cómodo de residencia. Este esfuerzo y este dinero son los que deberá dedicar para la construcción de la sucá o para mudarse durante la festividad a un sitio en el cual pueda construir una.

Quien acostumbra a salir periódicamente de vacaciones debe invertir en la construcción de su sucá o en el alquiler de un sitio que le permita hacerlo, la suma que estaría dispuesto a gastar en una semana de vacaciones, cada uno conforme a su nivel de ingresos.

Cuando una persona está por adquirir una vivienda debe tener el recaudo que ésta tenga un sitio donde erigir una sucá, y a estos efectos debe invertir lo que alguien estaría dispuesto a gastar si tuviese que evacuar su vivienda durante una semana al año cada año y vivir cómodamente durante este lapso cada año. Una persona pudiente debe invertir en ello lo que estaría dispuesto a gastar en unas vacaciones anuales de una semana durante largos años.

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Conjunto de libros Peninei Halajá en español /11 volúmenes
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