04) Restos de alimentos

Se debe evitar malograr los restos de los alimentos y en la medida de lo posible deben ser servidos en comidas posteriores o elaborar a partir de estos otros platillos, por ejemplo, tartas. Asimismo, quien ofrece una comida para numerosas personas debe planificar con anterioridad qué habrá de hacer con los restos, si habrá de congelarlos para consumirlos con posterioridad o repartirlos entre personas conocidas o necesitadas. En caso de no caber esas posibilidades, por cuanto que los restos alimenticios ya no son comestibles y almacenarlos implica un mayor esfuerzo que el beneficio que redundaría en consumirlos, es un acto de bondad y generosidad alimentar con ellos a los animales. Quien posee un jardín extenso podrá colocar los restos sobre la tierra para que se descompongan y la fertilicen (ver Pninei Halajá Kashrut 13:10).

Cuando resulta dificultoso utilizar los restos alimentarios, se los puede colocar en el bote de residuos y corresponde que el pan sea envuelto a fin de no ser menospreciado. Quienes desean ser más estrictos y no colocan los restos de pan en el bote sino en bolsas junto a éste o los cuelgan de las vallas o cercas de las casas, en realidad actúan erradamente, porque desprecian el pan públicamente, provocan molestias a los vecinos y afean las áreas comunes. Por lo tanto, cuando se trata de una cantidad importante de pan que es imposible que sea comida por los pájaros u otros animales en un lapso razonable, se lo debe envolver y colocar en el bote de la basura.

Si tras haber comido quedaron migajas de volumen inferior a un «kazait», desde el punto de vista de la halajá se las puede arrojar a la basura y darles tratamiento de desperdicio, empero dijeron nuestros sabios que no es conveniente hacerlo pues quien malogra y denigra migajas de pan atrae sobre sí mismo la pobreza (Shulján Aruj 180:4). Esto obedece a dos motivos, el primero es que quien arroja migajas al suelo parece despreciar o pisotear el bien que nos prodiga el Creador con lo que ocasiona que desde el Cielo dejen de brindarle esa abundancia. Además, el ángel encargado del sustento y el alimento es llamado «Nakid», (en hebreo «pulcritud»), mientras que el encargado de la pobreza recibe el nombre de «Naval» (en hebreo «suciedad»). Por eso, allí donde hay migajas o restos pequeños de alimento sobre el suelo reside el ángel de la pobreza mientras que en un sitio limpio reside el encargado del sustento y la riqueza (Talmud Babilonio Tratado de Pesajim 111(B), Julín 105(B)).

Por lo tanto, es correcto tener cuidado de no dejar dispersas sobre el suelo migajas que conservan aún la forma del pan y por supuesto que no se debe arrojar estos restos de la mesa al suelo, pues al ser pisados se ven mancillados. Deben ser recogidos del piso y botados en el patio o arrojados al agua, o en su defecto colocarlos en el bote de la basura de un modo decoroso (Mishná Berurá 180:10, ver Pninei Halajá Kashrut 13:12).

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Conjunto de libros Peninei Halajá en español /11 volúmenes
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