02) El huésped

Es costumbre en el pueblo de Israel, que cuando una persona llega a la casa en el momento que sus integrantes están sentados a la mesa se la invite a sumarse a ellos, aunque no se trate de una persona pobre. Por otra parte, es una práctica adecuada que el huésped se niegue un poco al principio y sólo si ve que realmente desean convidarlo, por ejemplo, le insisten una y otra vez y le sirven comida – que se sume entonces a los comensales (ver Pninei Halajá Likutim II 3:4-5, 7:9-10).

Está prohibido participar de una comida que no es suficiente para satisfacer a los miembros del hogar, esto es, de una comida que el dueño de casa no desea que el huésped tome parte de ella, porque se trata de una situación de posible vestigio de robo («avak guezel»). Y aunque en la práctica le invitaron a sumarse, si el huésped sabe que en realidad el dueño de casa no desea que lo haga ya que suele contemplar sus gastos, se considera a esta comida como «insuficiente para satisfacer a los miembros del hogar» (Rambám Hiljot Teshuvá 4:4). Dijeron además nuestros sabios que está prohibido servirse de la comida del avaro, y aunque este último tenga alguna motivación personal para invitarlo, está prohibido participar, pues todo aquél que disfruta (del patrimonio) de personas avaras («tzarei ain») trasgrede una norma restrictiva (Talmud Babilonio Tratado de Sotá 38(B))

Quien invita a su amigo a comer en su casa, debe mostrarle un buen semblante («panim sojakot»), para que coma con buen apetito y no tema que el anfitrión se habrá de afligir porque le consume sus alimentos. En especial, debe mostrar buen semblante a los pobres que se sientan a su mesa.

Corresponde que el huésped honre al anfitrión siguiendo sus instrucciones, tal como afirmaron nuestros sabios: «Todo lo que te diga el dueño de casa habrás de hacer» (Talmud Babilonio Tratado de Pesajim 86(B)). Por ejemplo, si se le pide que recite el «zimún» – lo habrá de recitar; si se le pide que diga palabras de Torá – si está capacitado para hacerlo habrá de decirlas; si se le pide que coma – habrá de comer. Quien ya quedó satisfecho de la comida y el anfitrión insiste que siga comiendo, no deberá seguir haciéndolo por cuanto que al haber comido de lo servido por el anfitrión y haber quedado satisfecho, este último no tiene motivo para ofenderse si el invitado no continúa comiendo (Shulján Aruj 170:5, Mishná Berurá allí).

Quien acostumbra a seguir estándares de kashrut sumamente estrictos, al hospedarse habrá de comer lo que el anfitrión le ofrece. Empero si es especialmente estricto en una cuestión que según las reglas de la halajá corresponde hacer en ella hincapié, por ejemplo, en el caso de la carne glatt («jalak»), no es necesario que el huésped flexibilice su actitud frente al anfitrión. Sin embargo, hubo rabinos eminentes que cuando se hospedaban acostumbraban conducirse con criterio flexible e inclusive comían carne kasher que no era «glatt» (ver Mishná Berurá 170:16, Piskei Teshuvá 8).

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