02. El libre albedrío

Dado que el impulso pasional puede degradar al hombre en modo extremo, algunos líderes espirituales y religiosos de entre las naciones consideran que a los efectos de alcanzar un grado espiritual elevado el hombre debe apartarse de este deseo lo más posible. Algunos de estos ven con malos ojos el matrimonio y otros lo apoyan a los efectos de engendrar una nueva generación, empero advierten tanto al hombre como a la mujer que se alejen lo más posible de la pasión carnal pues denigrarse en virtud de esta es una vergüenza para el género humano.

En cambio, la directiva de la Torá es que no hay nada malo en la unión entre el hombre y su mujer pues así fueron creados, y no resulta lógico que aquello que es fundamento del mundo y causa la aparición de nueva vida sea denigrante o humillante sino que, muy por el contrario, conlleva una santidad intrínseca (Maharal Beer Hagolá 5:4). Empero, D´s creó en el ser humano inclinación al bien e inclinación al mal y nos ordenó escoger el bien. Tal como está escrito (Devarim-Deuteronomio 30:19): «Pongo hoy por testigos contra vosotros al cielo y a la tierra de que os di para escoger entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición, y os exhorté a escoger la vida para tí y tu simiente».

El origen de las dos inclinaciones es uno solo y HaShem nos dio la posibilidad de elegir, de inclinar el instinto hacia el bien o hacia el mal. Así por ejemplo, al instinto de comer se lo puede orientar hacia una alimentación grosera que hace olvidar los ideales Divinos y a la postre causa enfermedades, o se lo puede encaminar hacia una alimentación armónica que permite a la persona alabar al Creador adicionándole salud y alegría. Cuanto mayor sea la intensidad e importancia del impulso instintivo, mayores serán las fuerzas del bien y del mal que actúan sobre este. La pasión que se puede despertar entre un hombre y una mujer es el más poderoso de los impulsos posibles, pues por su intermedio nacen nuevas vidas y se revela la unicidad de D´s en el mundo. Por ello, cuando este impulso es inclinado hacia el mal, hacia la promiscuidad y el adulterio, se trata del peor de los instintos posibles. Mas cuando este impulso se emplea para el bien, para aumentar el amor y la unión entre el marido y su mujer, es la mejor y más sagrada de las fuerzas.

Este es el significado de lo escrito en el Talmud Babilonio (Sotá 17(A)): «Si el hombre y la mujer son meritorios (el uno del otro) – la Divina Presencia reposa entre ellos, y si no -son devorados por el fuego». Cuando tienen el mérito de expresar su pasión natural en el marco de la santidad y el matrimonio, la Divina presencia reposa entre ellos. Empero si orientan su pasión hacia la promiscuidad y la lascivia, el Nombre Divino se retira de entre ellos y lo único que queda es el fuego del deseo que jamás podrá ser saciado, devorándoles en este mundo y quemándoles en el venidero en el Guehinom.

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