11. La opinión de Rambám

Rambám, en concomitancia con su visión general de los temas sacros, ve en las necesidades corporales y sus placeres simples medios para alcanzar el objetivo verdadero que es el servicio a D´s de modo espiritual. D´s creó al ser humano con cuerpo y por ello debe ocuparse de este con el mayor de los cuidados ya que este es el instrumento por medio del cual se puede estudiar Torá y cumplir con los preceptos. Si la persona no satisface las necesidades corporales y entre estas el deseo sexual natural, se afectará su equilibrio y salud física y mental, por lo que no podrá dedicarse a su labor espiritual. Las prohibiciones de mantener relaciones sexuales inadecuadas y el precepto de casarse están dirigidos a indicar al hombre cómo satisfacer su deseo corporal natural en el marco de la halajá. Cuanto más se cuida la persona en satisfacer sus necesidades y las de su mujer sin verse arrastrado por la pasión física, más se santifica. Esta es la intención del precepto de Oná, satisfacer el instinto natural de cada persona conforme su salud y ocupación profesional, ni más ni menos.

Cuando una persona transita por esta senda, su dedicación a las necesidades corporales también se considera servicio a D´s: «cuando realice la cópula lo hará para bien de su cuerpo y para traer al mundo descendencia… si transita toda su vida por este camino servirá a D´s constantemente incluso cuando negocia o mantiene relaciones sexuales. Esto es así en virtud de que su pensamiento está orientado a mantener el cuerpo completo a los efecto de servir a D´s…» Respecto de esto nuestros sabios enseñaron «que todos tus actos sean aras del cielo» o «leshem shamaim» (Avot 2:12),  y respecto de esto dijo el Rey Shlomó en su sabiduría (Mishlei-Proverbios 3:6): «conócelo (a D´s) en todos tus caminos» (Deot 3:2-3).

Es por esto que Rambám se oponía a los sabios gentiles que alababan a quien se abstenía de la mujer por completo ya que esto actuaba en contra de la naturaleza, provocándole sufrimiento a la persona y afectando su salud. Tal como no se induce a una persona a que ayune continuamente o a que se abstenga de evacuar, de igual manera no se le induce a separarse de su mujer. Y aunque su mujer esté de acuerdo con esto, mientras el hombre naturalmente tenga deseo debe satisfacerlo. Dado que la cópula se trata únicamente de un medio, no se debe abusar de esta más allá de lo necesario. Y quien se entrega a los placeres del cuerpo más allá de lo que el correcto servicio a D´s requiere, se asemeja a los animales que van tras sus instintos naturales y en ese caso «el sentido del tacto es indigno para nosotros» (Moré Nevujim – La Guía para los Perplejos 2:36).

Resulta que cuanto más se dedique la persona al estudio de la Torá sentirá menos necesidad sexual, lo cual es una ventaja siempre y cuando su mujer se eleve conjuntamente. Empero, cuando el hombre sienta necesidad real de cópula no debe intentar abstenerse, pues de así hacerlo tendrá que luchar contra su instinto constantemente y en vez de elevarse espiritualmente su mente estará ocupada en una lucha contra el cuerpo. Más aún, se teme que la persona se mienta a sí misma y piense que ya logró superar las ataduras del instinto y al final su deseo reprimido eclosione de un modo incontrolado, llevándolo a pecar con relaciones sexuales prohibidas. Y aunque finalmente no peque, por efecto del esfuerzo realizado en reprimir su instinto su mente puede llegar a alterarse, pudiendo llegar a perder su salud síquica. Es por esto que la Torá nos ordenó este precepto con todas sus limitantes, por medio del cual el hombre y la mujer pueden conducirse de acuerdo a la halajá tanto sea con sus propios cuerpos como hacia sus cónyuges.

La ventaja de la opinión de Rambám radica en que quien se conduce según esta no se auto engaña. No intenta abstenerse exageradamente creyendo erróneamente que ha logrado alejarse del deseo físico y se ha elevado en la escala del celibato y la santidad. Por otra parte, tampoco se entrega al cultivo de los placeres físicos y sus deseos so pretexto de que santifica lo material y eleva chispas sagradas. La desventaja de esta línea de pensamiento   maimonideano radica en que vacía tanto al cuerpo como al acto sexual de valor intrínseco.

Personas marcadamente intelectuales, críticas y sobrias, suelen inclinarse por la opinión de Rambám pues esta no procura santificar aquello que a priori no aparenta serlo. Sin embargo, esta opinión es de gran valía también para el público general por cuanto que reconoce las necesidades físicas del ser humano y no intenta modificar su naturaleza.

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