03. Dos niveles diferentes de santidad en el matrimonio

La santidad del matrimonio tiene dos niveles. El primero es cuando ambos cónyuges son fieles al pacto nupcial y no cometen adulterio. El segundo es que además buscan incrementar el amor en la pareja, se esfuerzan en alegrar al otro con todas sus posibilidades y tienen la intención de tener hijos que se críen en el estudio de la Torá y el cumplimiento de sus preceptos. Cuanto mayor sea la intención de la pareja en este segundo nivel –mayor será el mérito de elevarse más y más en los peldaños de la santidad.

El Raavad (ראב»ד) escribió que en el cumplimiento del precepto de Oná hay cuatro intenciones, tres de ellas buenas y una cuarta de menor nivel pero también preceptiva. Las tres intenciones superiores son: a) alegrar a la mujer mediante el precepto; b) cumplir con el mandato de «Prú Urbú» esto es «creced y multiplicaos»; c) creer que cumpliendo el precepto de Oná con alegría y amor durante el embarazo el parto será fácil y el bebé resultará virtuoso y bonito (ídem Nidá 31(A), ver arriba 1:4); La cuarta intención, menor en jerarquía mas aún preceptiva y en virtud de la cual la persona será recompensada, es cuando el hombre mantiene relaciones con su esposa promovido por el deseo y para evitar caer en la tentación de ir con otras mujeres (Raavad en Shaar HaKedushá, Tur Oraj Jaím 240:1). Esta última intención es el piso básico y primario de la santidad del matrimonio y las tres primeras se corresponden con un piso superior. Pasemos a explicar:

El primer nivel de santidad matrimonial reside en quienes se mantienen fieles al pacto contraído; y si bien para cada uno de los cónyuges es más importante satisfacer sus propias necesidades que alegrar al otro, mientras no cometan adulterio su matrimonio anidará en la santidad. Tal como dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Sotá 17(A)): «Si el hombre y la mujer son meritorios (el uno del otro) – la Divina Presencia reposa entre ellos y si no – son devorados por el fuego», lo cual es explicado por Rashí como «meritorios en cuanto que ninguno de los dos cometieron adulterio».

Por lo tanto, la unión entre el hombre y la mujer se denomina «kidushín» o «consagración» y la bendición nupcial inicial llamada «birkat hakidushín» reza: «Baruj Atá HaShem Elokeinu Melej Haolam Asher Kidshanu Bemitzvotav Vetzivanu al Ha´araiot Veasar Lanu et Haarusot Vehetir Lanu et Hanesuot Lanu Al Iedei Jupá Vekidushín, Baruj Atá HaShem, Mekadesh Amó Israel Al Iedei Jupá Vekidushín» (Bendito eres Tu HaShem D´s nuestro Rey del Universo que nos vedaste las relaciones prohibidas y las mujeres comprometidas permitiéndonos únicamente aquellas mujeres casadas con nosotros mediante palio nupcial y consagración («jupa ve kidushín»). Bendito Eres Tú Hashem que santifica a Su pueblo mediante el palio nupcial y la consagración»)

Más aún, es de esperar que quien a priori procura principalmente satisfacer su propio deseo, si cuida el marco matrimonial conforme a la halajá, con el tiempo avanzará en pos de un amor más profundo. Es razonable pensar que cuando su pasión inicial decrezca habrá de entrar en crisis, pero su compromiso con la halajá y el pacto matrimonial le cuidarán para que no cometa traición alguna y en virtud de ello podrá profundizar el vínculo con su mujer con gran amor y alegría y así ascender al segundo nivel de santidad.

El segundo nivel es el de quienes tienen el mérito de unirse con amor verdadero. Cuanto más piensa el hombre en el bienestar de su mujer, mayor será el nivel de santidad al que habrá de acceder. Para poder alegrar a su mujer con gran pasión deberá él mismo alegrarse durante la unión (adelante 14), siendo su principal preocupación alegrarla. En caso de haber contradicción entre su propio placer y el de su mujer, preferirá alegrarla a satisfacer su propio deseo. Paralelamente, estos niveles existen  en la mujer y cuanto más piensa ella en el bienestar de su marido más se eleva en los peldaños de la santidad.

El vocablo «sagrado» («kadosh») tiene dos acepciones: a) separado y diferenciado; b) eterno, absoluto, Divino. En el primer nivel los miembros de la pareja se separan de todos los demás hombres y mujeres del mundo. En un segundo nivel, su unión revela la chispa de la Divinidad, eterna y absoluta.

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