12. La santidad abstinente, el amor sublime

Otra opinión antigua adjudica a la unión entre el hombre y la mujer un carácter sagrado y entiende que por medio de esta, la Divina Presencia reposa entre los cónyuges, la unicidad de D´s se revela en la creación, el cielo y la tierra se unen y la bendición se expande abundantemente por todos los mundos. Empero, se trata de una cuestión tan elevada y sublime que es necesario tener el recaudo de que la relación se concretice en el marco de un amor completo que incluya profundos anhelos y añoranzas. A esos efectos se recomienda hacerlo en el momento más apropiado para ello que es en  Shabat pasada la medianoche. Dado que el Shabat es el momento más sagrado en el cual se manifiesta la paz en todos los mundos, se trata del tiempo más propicio para incrementar la bendición mediante la unión de pareja (ver Zohar I 50:1, 112:1, III 49:2).

Esta opinión no implica una depreciación del valor del amor sino que este se eleva y se transforma en algo sublime y anhelado. Cuanto más sublime es este amor mayor es el deseo por él, empero, se trata de un deseo pleno de temor reverencial, respeto y delicadeza. Según esta idea el hombre se asemeja a un rey cauto y responsable que cada uno de sus actos influye en el mundo entero; por su parte, la mujer es una reina bella y noble, delicada y sensible que eleva al mundo entero con cada buena acción que realiza o sentimiento sutil que experimenta. Todas las guerras  y actos heroicos que el marido realiza son en pos de ella, al tiempo que toda su belleza y buenas acciones son en pos de él. Ellos están dispuestos a entregar sus vidas con tal de mantenerse fieles el uno a la otra. En virtud de la profusión de respeto y anhelos mutuos, la conexión espiritual entre ambos obra cual tempestad que alcanza las profundidades de sus almas, mas no necesariamente debe alcanzar el clímax de su alegría corporal.

Esto se relataba respecto de Rabí Eliezer (Nedarim 20:2): «Preguntaron a Ima (madre) Shalom: ¿por qué tus hijos son tan bellos? Les respondió: él no lo hace conmigo ni al comienzo de la noche ni al final de la misma sino a medianoche, y al hacerlo descubre un palmo y oculta un palmo y por su temor y su respeto parece como si hubiera sido obligado a hacerlo. Le dije: ¿cuál es la causa? Y me respondió: para no poner mis ojos en otra mujer y tener así hijos bastardos». Es como si hubiese dicho que en caso de perder el temor reverencial hacia su esposa ya no habrá diferencia entre ésta y otra mujer, por lo que la singularidad de la relación dejaría de ser completa, lo cual afectaría a los hijos resultantes pues se trataría de una forma espiritual de adulterio y por ende de bastardía.

Respecto del significado de «descubre un palmo y oculta un palmo», los comentaristas explicaron que se refiere a que «no frotaba el órgano durante la cópula para disminuir así su placer» (Raabad, Shulján Aruj Oraj Jaím 240:8). Esto significa que mantenía relaciones de un modo tal que disminuía su placer pero aparentemente esto hacía incrementar el deleite de su mujer. Existen otras explicaciones, por ejemplo, que «no descubría de su cuerpo o del de la mujer salvo mínimas partes». Sin embargo, tanto los juristas de las últimas generaciones (ajaronim) como los cabalistas desecharon esta explicación por cuanto que se contradice con la halajá y las enseñanzas de la kabalá, ya que la unión se debe llevar a cabo sin ropa (Kaf HaJaím 240:61).

La virtud de quienes van por esta senda radica en el hecho de que no se ven arrastrados por las pasiones físicas, y tanto los anhelos como el deseo por la unión preservan el amor. La desventaja de este método es que los deseos de muchas personas se ven truncos o no realizados, y el ser humano no tiene el mérito de experimentar todas las sensaciones y santificarlas por medio del precepto de Oná. Otra grave carencia de este método es que muchas de las personas que lo ponen en práctica se mienten a sí mismas imaginando que alcanzan altas cumbres de santidad, mientras que en realidad reprimen su pasión la cual puede hacer irrupción de modo desagradable bajo la forma de malos pensamientos o relaciones indebidas, y además la represión puede llevarlos a adquirir patrones mentales retorcidos. Es por esto que los rabinos y educadores advirtieron a los jóvenes que aunque deseen ir por este camino, en los primeros años del matrimonio se conduzcan de modo común y  se alegren naturalmente, tal como indica la halajá. Solamente después, habrán de revisar cuidadosamente si les es apropiado ir por la senda de la abstinencia y la santidad. Es necesario agregar que la pena y el dolor por la destrucción del Templo y la salida al exilio fueron socios predominantes en la conformación de esta actitud ascética, tal como se explicará en la halajá 15. Asimismo, encontramos que en la generación que sufrió la destrucción del Templo al igual que en la del holocausto surgieron un sinnúmero de limitantes y restricciones a la alegría del precepto de Oná.

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