09. El decreto de Ezra

Como continuación de la Torá que adjudica impureza a la pérdida de semen («shijvat zera»), Ezra el escriba y su tribunal establecieron que quien mantuvo relaciones sexuales o tuvo una eyaculación involuntaria no puede estudiar Torá hasta que no haya realizado una inmersión ritual (Talmud Babilonio Tratado de Baba Kama 82(B), Rosh). La razón de este decreto es que el estudio de Torá se debe llevar a cabo «con estremecimiento, temor reverencial, temblor y sudor» tal como la recibimos en el Monte Sinaí, y la pérdida de esperma tiene lugar por «distracción y liviandad de espíritu» (ídem Brajot 22(A) y Rashí). Otro motivo de este decreto es que «los hijos de Israel no se asemejen a los gallos que mantienen relaciones para luego subir, bajar e ir a comer» (Talmud Jerosolimitano Brajot 3:4). Asimismo, el decreto procura evitar que los eruditos de la Torá estén con sus mujeres permanentemente al igual que los gallos» (Talmud Babilonio Berajot 22(A)).

De acuerdo con todos los motivos expuestos, no se debe deducir que haya algo defectuoso en la unión entre un hombre y su mujer, sino que no se debe exagerar en esta práctica al grado de asemejarse a un gallo que no tiene nada más en su vida. El ser humano tiene otros objetivos amén de procrear, tanto espirituales como profesionales, y si ha de estar ocupado permanentemente en sus relaciones sexuales como un gallo no podrá cumplir con sus diferentes roles.  La inmersión ritual genera una suerte de carga que tiene por cometido cuidar al hombre de que cumpla con el precepto de Oná conforme a la frecuencia adecuada para él sin exageraciones.

Además de ello, la inmersión ritual tiene por cometido separar los ámbitos. La Torá debe ser estudiada con seriedad, pavor y temor reverencial, mientras que el precepto de Oná debe ser cumplido con humor, relajamiento  y alegría que trasciende limitaciones, tal como está escrito (Bereshit-Génesis 26:8): «Isaac jugueteaba con Rebeca, su mujer» («metzajek et Rivká») lo cual fue explicado por Rashí: «mantenía relaciones sexuales». Los sabios decretaron que el hombre debe ceñir un cinturón que separe entre su corazón y su zona púdica cuando recita palabras de cuestiones vinculadas a la santidad, a los efectos de generar una separación entre el cerebro y el corazón por un lado y la zona púdica por la otra. De no ser así, se teme que el deseo proveniente de las zonas inferiores irrumpa y mezclen la mente y el corazón y dificulten al hombre dedicarse a temas espirituales y emocionales con pureza, al punto que su raciocinio y sus sentimientos pasen a estar sometidos a la concretización de los impulsos. Por lo tanto, a los efectos de proteger el ámbito espiritual de la persona, esta debe estudiar Torá con pavor, temor reverencial, temblor y sudor adecuados a la santidad de los temas tratados. En virtud de ello, cuando la persona retorne a ocuparse de cuestiones materiales podrá conducirlas de forma correcta y apropiada. Por ello nuestros sabios estipularon que en la mañana recitemos una bendición al ceñir el cinturón: «Ozer Israel Bigvurá» (que ciñe a Israel con fuerza de superación n. de t.), pues se requiere de fuerza de superación para separar entre el corazón y la zona púdica. Esta separación libera al hombre del sometimiento al instinto y le permite santificar su deseo físico mediante el precepto de Oná.

En la práctica, el decreto de Ezra el escriba no se difundió o no fue adoptado  extendidamente por el pueblo de Israel. Hubo personas que a los efectos de no interrumpir su estudio de Torá, y por cuanto que se les dificultaba acceder a un baño ritual se abstenían de mantener relaciones dejando sin efecto los preceptos de Oná y de «Creced y multiplicaos». Otros hicieron caso omiso del decreto de Ezra pues no querían afectar ni el cumplimiento del precepto de Oná  ni el de estudiar Torá. Al ver los sabios que este decreto no fue extensamente aceptado en el pueblo de Israel lo derogaron y volvieron a permitir estudiar Torá y rezar sin limitación alguna a quien mantuvo relaciones sexuales y quien había sufrido una pérdida de esperma (ídem ídem, Rambám Hiljot Kriat Shemá 4:8).

De todas formas, aún hay quienes tienen el cuidado de realizar una inmersión ritual antes de estudiar o rezar, de acuerdo a lo decretado por Ezra. Hay quienes cumplen con este decreto duchándose con una cantidad de agua equivalente a 9 «kavín» (unos 11 litros) y hoy día que en todos los hogares hay baño es bueno hacerlo.

Esta entrada fue publicada en 03. Santidad e intención (kavaná). Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *