07. La salud mental y la reparación del alma

Es importante agregar, que mediante el cumplimiento del precepto de Oná con alegría, la persona repara y sana su mente, ya que D´s creó al ser humano de esta manera concediéndole como uno de sus principales impulsos el deseo de unión entre el hombre y la mujer. Si bien en esto no todas las personas son iguales pues en algunas el deseo es más intenso que en otras, el deseo existe en todas y quien no lo posee padece de una dolencia síquica. En la mayoría de las personas el instinto sexual es el más fuerte de los impulsos, y cuando una persona lo reprime o bloquea su mente puede verse afectada, por lo que a esta persona le resultará difícil cumplir con su cometido de ser humano. Respecto de esto dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Ievamot 63(A)): «todo hombre que carece de mujer no es considerado humano («Adam»), tal cual está escrito (Bereshit-Génesis 5:2): «Varón y hembra los creó y los bendijo y les puso por nombre  Adam». Dado que se trata de un instinto tan poderoso, el mismo somete a la persona a pruebas difíciles. Por esta razón la Torá debió darnos tantos preceptos para encaminarlo y corregirlo.

Hay hombres y mujeres que erróneamente creen que si bloquean su instinto y cumplen el precepto de Oná de modo espaciado podrán elevarse más espiritualmente. Sin embargo, el resultado final puede ser el opuesto, pues a veces, cuando la persona no permite que el deseo se manifieste como corresponde y lo reprime más allá de lo que la Torá requiere, cae finalmente víctima de todo tipo de trasgresiones vinculadas a relaciones sexuales prohibidas («guilui araiot»). Por ello, un hombre que necesita cumplir con el precepto de Oná con una frecuencia mayor a la estipulada por los sabios no debe intentar limitarse para conducirse como el común de la gente. Asimismo, una mujer que siente que su marido necesita una mayor frecuencia de unión corresponde que lo incentive a hacerlo, pues eso es bueno para él y de esa manera preserva su santidad. Empero, si el hombre en cuestión se restringe más de lo que le sienta bien, la inclinación al mal puede tentarlo a ir tras mujeres extrañas o niñas pequeñas. Es sabido que muchas veces los trasgresores de faltas tales como seducción o violación de muchachas menores de edad, no mantuvieron relaciones sexuales con normalidad, frecuentes y normativas durante el período de tiempo previo a la inconducta.

Cuando la pareja logra elevar este instinto incorporándolo al marco matrimonial a los efectos de que abunden el amor y la alegría, logra finalmente conectarse a la raíz de la vida, ya que mediante el precepto de Oná la chispa de Divinidad arde entre ambos y se revela en el mundo por su intermedio; tal como dijera Rabí Akiva  (Talmud Babilonio Tratado de Sotá 17(A) y ver Zohar III Raaia Meheimna 34:1): «Si el hombre y la mujer son meritorios (el uno del otro) la Divina Presencia reposa entre ellos». Respecto de esto los kabalistas escribieron que quien no siente este deseo, un burro es mejor que él, y no tiene posibilidad de comprender nada en profundidad ni puede amar a D´s de verdad (Reshit Jojmá Shaar Haahavá final del cap. 4).

Ya aprendimos anteriormente (1:5) que el fundamento de la fe del pueblo de Israel consiste en revelar la unicidad de HaShem, y cumpliendo el precepto de Oná llevado a cabo con gran amor y pasión, ésta se manifiesta en el mundo. Mediante esta pasión dos personas se unen por completo entre sí y sus almas y cuerpos participan conjuntamente del cumplimiento del precepto. Entonces, la propia inclinación al mal se revierte, se transforma en benéfica y se une a la inclinación al bien incrementando así la alegría y el amor entre ambos. De esa manera los cónyuges pueden unirse a la raíz de la vida y elevarse en su fe para así poder actuar en pos de la reparación del mundo y su redención, y algo de ellos se habrá de unir a la chispa Divina, y de esto nacerá nueva vida pudiendo así ser socios de HaShem en el nacimiento de una nueva alma (Talmud Babilonio Tratado de Nidá 31(A)).

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