10- Coloreado de alimentos.

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La regla general indica que no hay prohibición de colorear alimentos. Por lo tanto, se le puede agregar cúrcuma a un guisado aunque esto le confiera una tonalidad amarilla. Asimismo, está permitido remojar pan en vino aunque el primero adquiera una tonalidad rojiza (Shulján Aruj 320:19). Esto se debe a que la prohibición de la Torá de colorear se aplica a tinturas que perduran largo tiempo, como en el caso del teñido de una prenda o el pintado de las paredes de una casa. Los sabios agregaron la prohibición de teñir con un color de corta permanencia; empero, en el caso de alimentos cuyo aspecto central es el sabor y no el color y además no se acostumbra a colorearlos – no prohibieron conferirles color de modo pasajero.
Hay quienes son más estrictos y se abstienen de colorear líquidos, pues en estos el coloreado es muy notorio y es más común, ya que a veces se preparan tinturas o pinturas líquidas para teñir prendas o pintar paredes. Por lo tanto, si bien los líquidos en cuestión están destinados a la ingestión humana, por decreto rabínico no se los puede colorear (Ben Ish Jai Pekudei 3-4). En la opinión de la mayoría de los juristas la prohibición de teñir no aplica ni para alimentos ni para bebidas, y así es la halajá (Darkei Moshé 320:2). Sin embargo, cuando es posible, es bueno a priori tener en cuenta la opinión más estricta y no colorear bebidas. Por lo tanto, cuando se mezcla vino tinto con vino blanco es preferible no verter el tinto sobre el blanco para no colorearlo sino verter el blanco sobre el tinto, pues de esa manera no se percibe su cambio de tonalidad. Lo mismo al preparar jugo – es mejor verter primero el concentrado y luego agregar el agua, pues así ésta es absorbida por la esencia y no se percibe su coloración. Lo mismo ocurre cuando se prepara té mediante un concentrado líquido, es mejor colocar primero el extracto y luego sobre este verter el agua (Shaar Tzión 318:64-65, ver arriba cap. 10 inciso 8 que se debe agregar agua de un segundo recipiente).

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