07. La periodicidad en el cumplimiento del precepto de Oná

La frecuencia en el cumplimiento de este precepto depende del vigor del marido y de su ocupación profesional, tal como dijeron nuestros sabios en la Mishná (Ketuvot 61(B)): «El precepto de Oná al cual hace referencia la Torá recae sobre los «tayalim» todos los días, sobre los obreros – dos veces a la semana, sobre quienes conducen burros (o caravanas de) – una vez a la semana, sobre quienes conducen camellos (o caravanas de) – una vez al mes y sobre los marineros – una vez cada seis meses»

Hay quienes entienden el vocablo «tayalim» como referido a hombres sanos  cuya labor profesional es liviana y carente de tensión, por lo que están preceptuados de hacerlo todas las noches. Rav Shmuel Bar Shilat es mencionado como un ejemplo de esta categoría pues enseñaba a niños pequeños cerca de su casa, y como sus ingresos eran bajos los cobradores de impuestos del rey no le visitaban nunca y por lo tanto vivía tranquilo y en seguridad (Rif y Rosh). Otros opinan que «tayalim» son personas pudientes que no necesitan trabajar salvo administrar sus pertenencias, lo cual no les afecta su tranquilidad (Rambám, Rabí Ieshaiá ben Eliá de Trani, Rabí Ierujam ben Meshulam, Sefer Mitzvot Gadol).

Obreros que trabajan en la ciudad deben cumplir con el precepto dos veces a la semana; y obreros que trabajan fuera de la ciudad aunque vuelven a esta a diario deben cumplirlo una vez a la semana, ya que se toma en cuenta que el camino los agota. Quienes conducían burros que cargaban cosecha desde las aldeas hasta los mercados deben cumplir el precepto una vez a la semana pues acostumbraban a ausentarse de sus hogares por lapsos de seis días. Quienes conducían camellos y transportaban mercancías por largas distancias debían cumplir el precepto una vez al mes ya que acostumbraban a retornar a sus hogares con esa frecuencia. Los marineros solían navegar por lapsos de seis meses por lo que debían cumplir el precepto cada medio año (Talmud Babilonio Tratado de Ketuvot 62(A) y (B), Shulján Aruj Even Haezer 76:5). Los estudiosos de la Torá que se esfuerzan y desvelan en sus estudios están preceptuados de hacerlo las noches de Shabat, Yom Tov (fiestas de la Torá) y Rosh Jodesh (novilunio) (ídem Shulján Aruj, Maguén Abraham Oraj Jaím 240:3). Los grandes sabios medievales (rishonim) escribieron que es mejor que los estudiosos de la Torá cumplan el precepto de oná dos veces a la semana (Meil Tzedaká 51, Pitjei Teshuvá Even Haezer 76:3, Beur Halajá 240:1).

Un «tayal» que se casó no puede cambiar su trabajo por el de un «obrero» sin el consentimiento de su esposa, aunque por medio de la nueva ocupación su situación económica mejore. Dado que cuando la desposó su status profesional era diferente, no puede reducir la periodicidad de sus encuentros sin el consentimiento expreso de la mujer. Asimismo, quien se casó con un obrero que debe cumplir con el precepto dos veces a la semana, no puede cambiar a conductor de burros que cumple con el precepto una vez a la semana sin el consentimiento de su mujer. Otro tanto ocurre con el conductor de burros que quiere conducir camellos, o con el conductor de camellos que quiere trabajar como marinero, todos estos deben pedir permiso a sus mujeres. Sin embargo, si un «tayal» quiere transformarse en estudioso de la Torá, en virtud de la valía del precepto que se dispone a cumplir, su mujer no puede vetar la decisión aunque esta implique la disminución en la frecuencia de los encuentros de la pareja (Talmud Babilonio Tratado de Ketuvot 62(B), Shulján Aruj Even Haezer 76:5, Beit Shmuel 8).

Las condiciones de vida han cambiado mucho en la actualidad: por una parte la mayoría de las personas trabaja menor cantidad de horas que en el pasado y se realizan labores menos desgastantes en lo físico pareciéndose entonces a los «tayalim». Incluso aquellos que trabajan fuera de la ciudad, por cuanto que viajan en automóvil, siempre y cuando el trayecto no sea muy agotador entran en la categoría de obreros que trabajan en la ciudad e incluso quizás en la de «tayalim». Por otra parte, la vida se ha tornado más tensa en virtud de la competitividad del mercado laboral y la mayor atención que se les presta a los noticieros y a los diferentes medios de comunicación interpersonal. Como consecuencia, la cantidad de horas de sueño ha decrecido y junto a ello el deseo natural de cumplir con el precepto.

Por lo tanto, consideramos que la periodicidad adecuada para la mayoría de las personas es dos veces a la semana y la de los más jóvenes puede a veces ser mayor. La excepción serían aquellas personas que realizan labores agotadoras en lo físico o en lo emocional cuya frecuencia deberá ser una vez a la semana. En el caso de aquellos que se desempeñan en labores especialmente livianas deberán cumplir con el precepto más de dos veces a la semana y quizás a diario como en el caso de los «tayalim».

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