13. Fallas en la unión: los hijos resultantes de nueve situaciones problemáticas

Los sabios alabaron a quien se santifica a la hora de procrear pues en mérito de ello tiene hijos buenos (Talmud Babilonio Tratado de Shvuot 18(B)). La santificación implica que la pareja se quiera con todo su corazón. Cuanto mayor sea el amor que les une y la intención de tener hijos buenos y justos, la unión será más sagrada y por su intermedio la progenie será virtuosa y recta (arriba 1:4, 2:5-6, adelante 3:3).

Por el contrario, cuanto menos se quiera la pareja y menor sea el apego que les vincula, la unión será defectuosa  y los hijos resultantes pueden llegar a adolecer de carencias. A estos se les denomina «hijos de nueve situaciones problemáticas» («Bnei tesha midot raot»), tal como los enumera el Tratado de Nedarim del Talmud Babilonio (20(B)): «Hijos del pavor o hijos de la violación o del forzamiento, del odio, de la exclusión, hijos de la relación cambiada, de la pelea, de la embriaguez, del divorcio, hijos de la mescolanza y de la desfachatez»

Pasamos a explicar: a) los primeros dos casos, hijos del pavor o del forzamiento se refiere a la situación en la cual el marido amenaza a su mujer y la fuerza a mantener relaciones o cuando la mujer obliga al hombre a unirse a ella por la fuerza o mediante amenaza; b) hijos del odio, ocurre cuando el marido odia a su mujer mas copula con ella a los efectos de calmar su apetito instintivo, o si la mujer odia a su marido y se une a este a los únicos efectos de satisfacer su deseo; c) hijos de la excomulgación surgen de la unión en la que uno de los cónyuges está apartado comunitariamente; si bien la halajá no prohíbe al apartado mantener relaciones (Siftei Cohen Ioré Deá 334:12) pero por cuanto que el resto del pueblo se debe apartar del susodicho hasta que este corrija sus acciones – la unión con él no se puede llevar a cabo con la alegría y el apego necesarios; d) hijos de la relación cambiada resultan cuando el hombre al copular con su esposa piensa en otra mujer; e) hijos de la pelea son aquellos que resultan de la unión que se lleva a cabo tras un pleito sin que haya mediado la reconciliación; si bien la riña no autoriza a ninguno de los dos a dejar sin efecto la Oná, de todas maneras deben hacer las paces previo a la cópula; f) hijos de la embriaguez resultan de una relación en la que uno de los progenitores estaba ebrio, pues entonces la unión carece de la completitud necesaria en la intención de amor y unidad; g) hijos del divorcio se refiere a aquellos resultantes de una unión en la que uno de los cónyuges tienen ya decidido divorciarse y si bien puede haber amor entre ambos la unión no es completa; h) hijos de la mescolanza se refiere a aquellos de una mujer que se divorció y antes de pasados los tres meses se volvió a casar; i) hijos de la desfachatez son aquellos resultantes de una relación en la cual la mujer reclamó la unión de modo insolente, grosero o mediante malas palabras, pues en una relación de este tipo no hay amor sino mera satisfacción de impulsos. Otro tanto ocurre cuando el marido reclama unirse a su esposa de modo grosero. En el Tratado de Calá (1:16) se agregó también a los hijos de la dormida, esto es, resultantes de una unión en la cual la mujer no estaba despierta y por lo tanto la relación careció de amor recíproco.

Respecto de estos nueve hijos resultantes de uniones problemáticas, nuestros sabios dijeron que por cuanto que sus almas descendieron al mundo mediante una relación carente de amor y unión, adolecen de una falla por efecto de la cual les resulta muy difícil conectarse a cuestiones vinculadas con la santidad y su inclinación al mal o instinto («ietzer hará») prevalece en ellos. Además de esto, cuando no hay amor ni entendimiento entre los progenitores, la sensación de distanciamiento entre ambos influye nocivamente en los niños, pues a los efectos de desarrollarse correctamente estos necesitan de una atmósfera de amor y amistad, calor humano y estabilidad emocional.

De todas maneras, es claro que los hijos resultantes de estas nueve relaciones conflictivas tienen la posibilidad de elegir y de escoger el bien,  y de hacerlo tendrán una gran recompensa en virtud de haber logrado superar su inclinación y el mal ejemplo que recibieron en su hogar. Sin embargo, si no se han de esmerar en trabajar sobre sus cualidades personales su tendencia al mal habrá de prevalecer.

Cuando la armonía entre el marido y la mujer se ve afectada en el pueblo de Israel y abundan los hijos resultantes de relaciones problemáticas, la acumulación de defectos genera una separación entre el Creador e Israel y en virtud de ello los judíos se ven forzados a exiliarse de su tierra. Este exilio tiene por objetivo que sus dificultades separen del pueblo de Israel a aquellos trasgresores y rebeldes fruto de las uniones defectuosas, y en virtud de ello la fe íntegra vuelve a manifestarse y los judíos son redimidos; tal como está escrito (Iejezkel-Ezequiel 20:38, ver allí 20:40-44): «y purgaré de vosotros a los rebeldes y a los que trasgreden Mis preceptos. Los sacaré de la tierra donde viven, pero no entrarán a la tierra de Israel, y sabréis que Yo soy el Eterno».

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