17. En presencia de libros sagrados

Si bien en la escala jerárquica de los preceptos el de Oná ocupa un sitio muy prominente, es menester separar entre diferentes áreas, pues el de Oná es un precepto que se cumple con relajamiento y alegría corporal que trasciende todo límite, mientras que la Torá merece ser estudiada con temor reverencial, temblor y esfuerzo, y de esa misma forma y con esa misma actitud corresponde relacionarse con un rollo de la Torá (como se verá adelante 3:9). Por lo tanto, está prohibido mantener relaciones en una habitación en la cual hay un rollo de la Torá escrito con tinta sobre pergamino tal como fue escrito en el Sinaí. De ser posible hay que retirarlo de la habitación, y en caso de no serlo se debe erigir un tabique de separación entre el rollo y la cama de modo tal que este quede en un área separada y no a la vista de la pareja (la altura del tabique 10 palmos que equivalen a unos 76 centímetros y su ancho unos cuatro codos que equivalen a unos 182 centímetros, Darkei Tahará 22:41).

Está prohibido mantener relaciones en una habitación en la que hay tefilín o mezuzá u otro libro sagrado. Empero, si se los cubre con cobertura doble esto estará permitido. Una cobertura puede ser el sobre (nartik) del tefilín o la caja (bait) de la mezuzá y la segunda cobertura debe ser específica para el propósito del precepto de Oná. En el caso de la mezuzá se acostumbra desde el principio que esté envuelta en doble envoltorio, siendo al menos uno de los dos hermético y de esa forma la habitación es apta para la cópula. Asimismo, se permite cambiar pañales a un bebé en esta habitación.

Respecto de los libros impresos que se encuentran en la habitación o en la estantería, amén de su encuadernación, es correcto cubrirlos con una cobertura suplementaria, y de no ser esto posible se debe mantener relaciones teniendo la precaución de cubrirse con la frazada para no estar desnudos ante los libros. Hay juristas que consideran que se debe abluir las manos con posterioridad a la cópula (Shelaj, Darkei Tahará 24:3). Empero, en la práctica, no es obligatorio hacerlo y quienes deseen seguir durmiendo pueden hacerlo.

Esta entrada fue publicada en 02. Reglas referentes al cumplimiento del precepto de Oná. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *