06. La virtud de la insinuación femenina

Dijeron nuestros sabios (Tratado de Eruvín 100(B)): «Toda mujer que requiere a su marido para el cumplimiento del precepto tiene hijos virtuosos que no se vieron ni en la generación de Moshé». Esto lo aprendimos de nuestra matriarca Lea, tal como está escrito (Bereshit-Génesis 30:16): «Y cuando vino Yaacov del campo al atardecer salió Lea a su encuentro y le dijo: esta noche vendrás a mí en trueque de las mandrágoras de mi hijo. Y él acostóse con ella esa noche». Lea tuvo el mérito que de esa noche surgió la tribu de Issajar de cuyos hijos salieron grandes estudiosos y dirigentes, tal como está escrito (Divrei Haiamim-Crónicas1 12:32): «Y de los hijos de Issajar hombres que tenían grandes conocimientos de los tiempos (en referencia al conocimiento del calendario y la astronomía para el cálculo de los meses) para saber qué debía hacer Israel. Sus jefes eran doscientos y todos sus hermanos estaban a sus órdenes».

La actitud de Lea fue cuestionada en el Talmud ya que los sabios dijeron que «es una buena conducta en la mujer cuando ella demanda la unión para sus adentros (balev) mientras el hombre lo hace verbalmente».  ¿Cómo entonces Lea reclamó verbalmente a su marido mantener relaciones y fue recompensada con una tribu de hombres sabios? La respuesta es que la mujer reclama «para sus adentros» demostrando cariño y arreglándose para ser deseada, o sea se trata del uso de la insinuación. Esto es lo que hizo Lea cuando le dijo a Yaakov «vendrás a mí», expresándole así su cariño y el deseo de que vaya a su tienda para dormir juntos en cercanía física, mas sin pedirle explícitamente la unión carnal.

Esto se debe a que no es bueno que la mujer reclame verbalmente ya que las energías del hombre son limitadas y no siempre está en condiciones de cumplir con el precepto de Oná, que le implica disfrutar y emocionarse previo a la unión carnal con su mujer. Por ello el cumplimiento del precepto depende del hombre, sujeto a lo que le posibilitan su vigor físico y el tipo de actividad profesional que desempeña (como se explica en la siguiente halajá). Sin embargo, la mujer puede alcanzar el máximo placer en toda noche e inclusive más de una vez. Incluso cuando la mujer está tensa y se le dificulta alcanzar la máxima alegría puede acceder al pedido de su marido y disfrutar con su regocijo. Si ella reclama directa y verbalmente  en una situación en la cual al marido se le dificulta cumplir con el precepto puede que se avergüence, y entonces a partir de ese momento en vez de anhelar la unión y disfrutar de esta comenzará a temerla por  si acaso no lograra contentar a su esposa.

A veces, este temor puede generar impotencia. Por ello es bueno que la mujer adopte una actitud recatada y no reclame a su marido la unión sino que le insinúe su deseo, de modo tal que cuando él no esté seguro de poder cumplir el precepto pueda corresponderle con gestos de cariño sin sentirse humillado por no poder contentarla completamente.

Esto y más, también cuando el hombre está triste o deprimido al punto de sentirse impotente, carente de vigor vital y deseo, pareciéndole que aunque quisiese no lograría tener una erección y mantener relaciones, si tiene el mérito de tener una buena mujer a su lado, ésta, mediante insinuaciones y muestras de cariño como un tierno abrazo, puede lograr despertar en él tanto las ansias como la posibilidad de unirse a ella y cumplir el precepto, alegrando e iluminando su vida (arriba 1:8).

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