15. El recato

El recato es una de las expresiones de la santidad del precepto, tal como  Rashí comentó lo dicho por nuestros sabios en cuanto que «habrá de santificarse para mantener relaciones con recato» (Talmud Babilonio Tratado de Nidá 71(A)). Este preciado precepto debe manifestar la unión completa del hombre con la mujer por lo que esta no puede realizarse ante la vista de extraños y estos últimos no tienen permitido hablar sobre la misma. Es importante puntualizar que cada pareja tiene una particularidad propia de la cual dependen universos enteros. Los cónyuges que tienen el mérito de amarse profundamente perciben que el suyo es un amor único y especial en el mundo. Esto también es mencionado por la Kabalá que en virtud de la unión completa descienden luz y bendición sobre los mundos, y por ello, dado que la unión es tan singular y especial debe mantenerse discretamente entre los cónyuges.

Por lo tanto, la unión debe ser llevada a cabo en el hogar u otro sitio cerrado y discreto estando prohibido hacerlo en un sitio público aunque no haya nadie viéndolos, pues quienes así lo hacen parecen lascivos y se acostumbran a una conducta indebida que merece ser reprendida (ídem Sanhedrín 46(A), Shulján Aruj Even Haezer 25:4).

Está prohibido llevar a cabo la unión en presencia de una tercera persona aunque esta esté durmiendo, pues se teme que pueda despertarse. La base de la norma permite mantener relaciones en presencia de un bebé que aún no sabe hablar, mas no es apropiado hacerlo. En caso de no haber alternativa se puede llevar a cabo la unión mientras el bebé duerme, y si se despierta en la mitad está permitido continuar. A priori, es bueno que no haya en la habitación un animal, por ejemplo, perro o gato.

Se acostumbra a cubrir el cuerpo durante la unión aunque no haya luz (ver Darkei Tahará 22:39).

Los cónyuges deben ser reservados respecto del momento de su unión, y a la hora de mantener relaciones deben cuidar que su voz no sea audible para los extraños. Asimismo, es correcto que la mujer mantenga con reserva el día en que realizará la inmersión ritual para que los extraños no lo perciban (Ramá Ioré Deá 198:48).

A los efectos de que la unión se lleve a cabo en un ambiente de recato y alegría sin temor a que uno de los niños o de los invitados ingrese repentinamente, es importante tomar la precaución de cerrar la puerta. Además, para que no sea perceptible cuándo cumplen los cónyuges con el precepto es correcto que cierren la puerta de la habitación todas las noches al irse a dormir; y no estén de acuerdo con que uno de los niños duerma con ellos en la habitación.

Los cónyuges deben ser cuidadosos en no compartir con extraños detalles respecto de cuánto se quieren o cómo se unen. Sólo en caso de necesidad, pueden contarlo a los efectos de recibir asesoría. Asimismo está prohibido para los cónyuges hablar de su unión mediante expresiones groseras similares a las empleadas a la hora de contar chistes subidos de tono (Rambám Hiljot Deot 5:4).

Se prohíbe además comentar innecesariamente respecto de la unión de otras personas, y todas estas expresiones reciben la denominación hebrea de  «Nibulei pé» que puede ser traducido como maledicencias, detracciones, infamias o burlas. La palabra «nibul» tiene la particularidad de que proviene de la palabra «nevelá» que significa cadáver o desperdicio, ya que las expresiones burdas transforman el habla de algo vivo en algo muerto y desagradable, similar al cadáver maloliente de un animal cuya ingestión está prohibida. Nuestros sabios dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Shabat 33(A)): «todos saben para qué entra la novia al palio nupcial, pero todo aquel que incurre en maledicencias («menabel et piv»), aunque el tribunal celestial sentencie en su favor setenta años buenos – el veredicto se tornará adverso»

Los huéspedes tienen permitido mantener relaciones a condición de que dispongan de una habitación cerrada y no se teme que los anfitriones lo perciban ni que queden señales en las sábanas.

Es correcto que los cónyuges se abstengan de expresiones mutuas de pasión frente a extraños (Ramá Even Haezer 21:5). Sin embargo, abrazos y besos que se dan por cortesía en círculos sociales en los que esto es aceptado no se consideran no recatados. Empero, cuando estos gestos implican alguna manifestación de pasión dejan de ser recatados pues el amor de pareja es algo muy profundo y personal, y quien lo manifiesta ante extraños le confiere un carácter exterior y cercena sus alas. Además, se  debe tener en cuenta que esta manifestación de amor generará envidia y pesar en quienes no tuvieron el mérito de alcanzarlo.

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