11. Dificultades de parte del marido en el cumplimiento del precepto

Todo lo que estudiamos anteriormente respecto del deber del cumplimiento del precepto de Oná se refiere a personas sanas, y si una de estas omite la observancia trasgrede una prohibición de la Torá. Si es el marido quien continúa con esta inconducta, se trata de un claro causal de divorcio que de efectivizarse le obliga a desembolsar la totalidad del monto estipulado en la ketuvá o contrato nupcial. Empero, quien tiene dificultad en cumplir con el precepto en virtud de un problema de salud estará preceptuado de observar Oná únicamente según le indique el médico (Shulján Aruj Even Haezer 76:3). Dado que muchas veces los problemas surgen en virtud de la falta de una hormona específica o por una enfermedad determinada, el afectado debe consultar a un médico pues la mayoría de estas dificultades tienen hoy cura. A veces los problemas son de índole emocional o afectiva y llevan a que el hombre haga omisión de la Oná o no alegre a su esposa como corresponde – en un caso así el hombre debe ocuparse de solucionar el problema. Cuando se trata de una dificultad leve puede ser suficiente asesorarse con un rabino; si se trata de un problema agudo es necesario recurrir a un terapeuta especialista en el área y temeroso del cielo. Si el hombre es negligente en el tratamiento de este problema omite el cumplimiento de un precepto de la Torá y por cuanto que no cumple con la Oná en sus tiempos adecuados, su mujer puede exigir el divorcio y debe ser compensada con la totalidad de la suma estipulada en el contrato nupcial.

Si el hombre se esmeró hasta el límite de  sus posibilidades en acudir a los médicos y/o terapeutas y a pesar de ello no logró volver a estar en condiciones de cumplir con la  Oná en sus tiempos establecidos, mas puede tener contacto sexual aunque sea una vez cada seis meses, por cuanto que aún cumple con el precepto aunque sólo sea en su frecuencia mínima similar a la de los marinos (ver arriba 7), su mujer no tiene causal para exigir divorcio ni cobrar lo estipulado en la ketuvá o contrato nupcial. Empero, si no puede cumplir Oná ni siquiera con esta frecuencia, la decisión queda en manos de su esposa. Si está de acuerdo en vivir junto a él en estas condiciones puede hacerlo. Si prefiere divorciarse, el hombre está obligado a concederle el divorcio y pagarle lo estipulado en el contrato nupcial (Shulján Aruj Even Haezer 76:11). Es claro que también quien no puede cumplir cabal y completamente el precepto de Oná, igualmente debe complacer a su mujer y alegrarla mediante besos y caricias hasta que esta alcance su máxima alegría. Por lo general, si ha de actuar así, aunque no consiga llevar a cabo la unión completa su mujer no deseará divorciarse.

En el caso de aquel hombre a quien su mujer le perdona de corazón su imposibilidad de cumplimiento del precepto de Oná, este perdón es válido. Esto a condición de que el hombre ya haya cumplido con el precepto de procrear, empero si aún no lo cumplió, debe observar la Oná en todas las ocasiones en las que haya chance de que su mujer quede embarazada. En caso de que el hombre no logre cumplir con el precepto en todas sus ocasiones preestablecidas, debe seguir las instrucciones de los médicos para poder hacerlo (Shulján Aruj Even Haezer 76:6).

En el caso de quien ya ha cumplido con el precepto de procrear y su mujer le perdona el incumplimiento de la Oná, no corresponde que deje sin efectivizar la mitzvá y deberá consultar con los médicos qué hacer para poder cumplirla, pues ese es el orden correcto y sano de la vida. Así como el hombre debe intentar cumplir con todos los preceptos aun en los casos en los que no está del todo obligado, como por ejemplo en los de Tzitzit o Gmilut Jasadim (ayuda al prójimo), de igual manera debe procurar cumplir con el sagrado e importantísimo precepto de Oná pues por su intermedio la Divina Presencia reside sobre el mundo.

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