12. Dificultades de parte de la mujer en el cumplimiento del precepto

Tal como ya vimos (halajá 1), el quid del precepto consiste en que el marido deleite a su mujer y la alegre lo más que pueda hasta que esta alcance la cúspide de su felicidad. Empero, esto no solo depende del hombre pues a veces aunque este se esmere de sobremanera su mujer no alcanza a deleitarse al grado máximo. Esto puede obedecer a diferentes causas y ya estudiamos (halajá 2) que las áreas del espíritu, la mente y el cuerpo se encuentran entrelazadas en la mujer en mayor medida que en el hombre; por lo que cuando una mujer no comprende la valía del precepto o si algo le perturba o si está cansada, es posible que a pesar de los esfuerzos no logre llegar a la cúspide de su deleite. Por el contrario, el esfuerzo por alcanzarlo puede llegar a frustrarla y entristecerla cuando el deleite que se acerca a su grado máximo y al alivio que este conlleva se truncan se y pierden. Si la mujer experimenta este sentimiento reiteradamente puede ser que prefiera renunciar al intento de alcanzar el deleite máximo para evitar así el decaimiento que provoca el fracaso.

Por lo tanto, cuando una mujer sabe que le será difícil alcanzar el punto más alto de su alegría, puede que renuncie al intento de alcanzarlo y mantenga una unión con el beneplácito que de por sí esta acarrea. Para ello, el hombre debe deleitar un poco a su mujer y ella debe corresponderle y recibirle con amor. De esta manera podrán cumplir con el precepto «a posteriori». Si comúnmente cumplen con el precepto en el grado de «a priori» y la mujer suele alcanzar su grado máximo de alegría y sólo de vez en cuando se conforman con cumplir «a posteriori», entonces se trata de algo normal y no hay nada por qué lamentarse. Sin embargo, se debe poner hincapié en que esto no ocurra con excesiva frecuencia.

Cuando la situación anterior se reitera con frecuencia y en la mayoría de los casos la mujer no llega a la cumbre de su alegría, la pareja debe buscar atender la causa de esto para así solucionarlo. A veces, el problema se puede originar por tensión o por cansancio por lo que lo que se debe organizar la vida de un modo más equilibrado, disminuir la presión y agregar horas de sueño o al menos tener el recaudo de dormir de cara al cumplimiento del precepto. A veces esto ocurre en la primera etapa de la vida de casados cuando los cónyuges aún no saben cumplir el precepto como corresponde por lo que deben aprender a hacerlo. No deben ser negligentes en esto pues no se trata de un precepto menos sagrado que los demás, y por otra parte si la mujer sabe que algo determinado le alegra particularmente no debe de avergonzarse en decírselo a su marido.

Si tras todos los intentos, el hombre no logra deleitar a su mujer al grado que esta alcance su máxima alegría, es preceptivo que el hombre se asesore con un rabino, o un experto, o la mujer que haga otro tanto con una rabanit o una experta. A veces un simple consejo puede solucionar el problema por lo que un rabino o rabanit pueden ser de utilidad. Otras veces es necesario profundizar en el análisis de los bloqueos internos que les distancian; y si la razón de la dificultad es médica – requiere de consultar a un especialista. De todas maneras es preceptivo tratar el problema para poder cumplir con el precepto como corresponde.

De mientras, los cónyuges deben tener a bien cumplir el precepto en los períodos establecidos. Si la mujer tiene deleite de la unión o de las caricias y los abrazos que la acompañan, aunque se encuentren en el grado de «a posteriori» cumplen igualmente con el precepto. Si esto tampoco deleita a la mujer, la situación de pareja es muy difícil y deben mantener relaciones regularmente y de esa manera validarán su matrimonio, siendo este el grado de cumplimiento en caso de emergencia o fuerza mayor. Empero, tal como ya aprendimos no pueden conformarse con esto y deben recurrir a alguna asesoría para cumplir con el precepto en el grado de «a priori»; pues una situación en la cual la mujer está descontenta con el precepto le genera un enorme vacío y afecta sobremanera al hombre, privándole de la mayor de las satisfacciones.  En un caso así, en vez de que su deseo por unirse a su mujer sea bien recibido y su relacionamiento resulte así completo y excelso, queda solitario en su humillación y su deseo parece ser un impulso grosero que le obliga a copular con su mujer al solo efecto de satisfacer a su instinto y no pecar. De todas maneras, si la pareja se esmeró y no logró resolver su problemática, deben insistir en cumplir con el precepto de Oná aunque sea en el grado de situación de urgencia («sheat hadjak») en la frecuencia correspondiente, y habrán de ser piadosos e indulgentes el uno con el otro para que de esa forma el pacto que les une se vea santificado por el cumplimiento recíproco del deber moral de acuerdo a lo que ordena la Torá.

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