12. El precepto de los jóvenes, los padres y la sociedad

El precepto de contraer matrimonio enfrenta actualmente a los jóvenes, los  padres y la sociedad en general ante un gran desafío. En cuestión de pocos años los jóvenes deben afianzar su mundo espiritual, adquirir una profesión acorde a sus habilidades, formar una familia, y en el caso de los varones, pende también el deber de servir en el ejército y estudiar Torá abundantemente.

El deber en primer término recae sobre los jóvenes, los cuales deben planificar cuidadosamente los pasos a seguir a los efectos de no desaprovechar estos valiosos años; ya que si bien establecimos que actualmente, en virtud de una gran necesidad podemos postergar la edad del matrimonio hasta los veinticuatro años, quien desaprovecha el tiempo deja sin efecto el precepto de la Torá. Por lo tanto, todo joven tanto varón como mujer debe procurarse un camino que le permita articular todos estos valores conjuntamente, esto es, casarse joven, adquirir una profesión adecuada a sus habilidades que le permita obtener su sustento y contribuir a poblar el mundo.

El segundo deber recae sobre los padres, tal como establecieron nuestros sabios (Tratado de Kidushín 29(A), 30(B)) en cuanto a que es deber de los padres casar a sus hijos, tal como está escrito (Irmiahu-Jeremías 29:6): «Tomad mujeres y engendrad hijos e hijas y tomad mujeres para vuestros hijos y dad vuestras hijas a maridos para que críen hijos e hijas». Esto significa que el cumplimiento del precepto de procrear no finaliza con dar a luz niños sino que continúa posteriormente cuando los chicos crecen, entonces los padres deben incentivarlos a contraer matrimonio y ayudarles tanto con consejos como materialmente, siendo de ese modo partícipes en la perpetuación de las generaciones. Nuestros sabios ordenaron dedicar un décimo del patrimonio a los efectos de casar a cada uno de los hijos. Consideramos que actualmente una parte significativa de la ayuda de los padres debe apuntar a facilitar a sus hijos el enfrentamiento con el múltiple desafío de combinar matrimonio con formación profesional, y a veces hasta el cuidado de bebés.

También la sociedad en su totalidad debe crear las mejores condiciones posibles que permitan a los jóvenes cumplir con el precepto de contraer matrimonio a tiempo. Para ello es necesario tornar los estudios profesionales lo más eficientes posible, ayudar a los jóvenes con soluciones habitacionales a precios razonables, y adelantar lo más que se pueda la formación profesional de las mujeres para que en los primeros años de casadas puedan contribuir mejor a la manutención de la familia.

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