07. La edad obligatoria para los hombres a los efectos de cumplir con el precepto de procrear

Si bien a la edad de trece años el joven judío asume el deber de cumplir con todos los preceptos de la Torá, nuestros sabios establecieron que la edad apropiada para contraer matrimonio es a los dieciocho o a más tardar a los veinte años. Esto obedece a que el joven debe prepararse en dos áreas específicas para el gran desafío que implica formar una familia.

La primera es el estudio básico de la Torá a los efectos de que se consolide su perspectiva de vida y sepa conducirse correctamente. Sobre esto dijeron nuestros sabios (Mishná Avot 5:21): «A los cinco años debe estudiar Torá escrita, a los diez años Mishná, a los trece debe cumplir las mitzvot, a los quince años estudiar Talmud, a los dieciocho debe casarse». Asimismo, nuestros sabios estipularon que se debía anteponer el estudio de Torá a desposar una mujer, pues de casarse primero el yugo de la manutención del hogar puede impedirle estudiar como debiera (Talmud Babilonio Tratado de Kidushín 29(B)). Asimismo, el Shulján Aruj sentenció como halajá (Ioré Deá 246:2): «primero que estudie Torá y después que despose mujer, pues de casarse primero no podrá estudiar ya que cargará con una rueda de molino sobre su cuello».

La segunda área que representa un desafío para el muchacho judío es el de ganarse la vida. Durante los años en los que estudió las bases de la Torá parte de su tiempo lo dedicó a ayudar a su padre en sus labores profesionales, y de esa manera aprende el oficio que le permitirá mantenerse en un futuro, amén de construir una casa y ahorrar dinero a los efectos de adquirir herramientas que le permitan trabajar. Nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Sotá 44(A)) aprendieron del orden de los versículos (Devarim-Deuteronomio 20:5-7): «que haya construido casa…que haya plantado una viña…que haya desposado a una mujer…» que «la Torá nos enseña el modo correcto de conducirse en la vida, primeramente el hombre debe construir una casa, luego plantar una viña y después desposar una mujer». Incluso el rey Shlomó en su gran sabiduría nos enseña (Mishlei – Proverbios 24:27): «Prepara tu trabajo afuera y adecúalo para tí en el campo, y después construye tu casa». «Prepara tu trabajo afuera» se refiere a una casa, «adecúalo para ti en el campo» se refiere a una viña, «y después construye tu casa» se refiere a una mujer. En este sentido, Rambám escribió (Hiljot Deot 5:11) que: «las personas cuerdas acostumbran primeramente a adquirir un oficio que les permita sustentarse, luego compran una casa y luego desposan una mujer… empero los necios primero se casan, luego si está a su alcance adquieren una casa y al final de sus días procura un oficio o vive de la caridad…»

Por lo tanto, nuestros sabios indicaron que se postergue el matrimonio de los hombres hasta la edad de dieciocho y advirtieron que de todas maneras no lo hagan más allá de los veinte. Así dijeron en el Tratado de Kidushín (29(B)): «Hasta la edad de veinte años el Kadosh Baruj Hú espera para ver cuándo habrá desposar el hombre una mujer, si llega a los veinte y aún no se casó dice: ´que revienten sus huesos´», esto es una suerte de maldición por no cumplir con el precepto de procrear. Asimismo dijeron nuestros sabios (Kohelet Rabá 3:3): «tiempo de nacer y tiempo de morir, cuando el hombre nace D´s le espera a que se case hasta la edad de veinte años, si llegó a los veinte y no se casó le dice: es tiempo para que hagas nacer y no quisiste, entonces no es sino tiempo de morir».

Además, nuestros sabios dijeron que si una persona «tiene veinte años y aún no se casó padece permanentemente de pensamientos prohibidos», ya que mientras sabe que al llegar su momento habrá de casarse y amar a su mujer como a su propio cuerpo, aunque a veces pueda padecer de pensamientos prohibidos y sufra alguna polución, lo cual asume no es correcto, tiene la intención de que cuando llegue el momento de casarse habrá de guardar toda esa pasión únicamente para su mujer. Empero cuando su soltería se prolonga más allá de lo apropiado se desespera y merma su capacidad de superar las malas inclinaciones, y sucumbe ante estas y se acostumbra a satisfacer su instinto de modo ilícito, por lo que aún después de casarse y siendo fiel a su esposa le será difícil mantenerse a salvo de los pensamientos prohibidos, pues estos se han transformado en parte integral de su ser. Solamente si esta persona retorna a D´s por amor con gran intensidad podrá corregir su falencia (arriba 4:2).

Si se da el caso de que el muchacho recibe ayuda de los padres o si es especialmente hábil y logra casarse antes, esto es sumamente positivo. Tal como dijo Rav Jisda, su encumbramiento por sobre sus compañeros no obedece a que detenta habilidad o piedad superiores sino a haberse casado a la edad de dieciséis años, por lo que pudo estudiar Torá en completa pureza sin ser molestado por su instinto, y si se hubiera casado a la edad de catorce habría estado tan protegido de la mala inclinación que podría haber desafiado a Satán sin temor a que este le haga trasgredir (Talmud Babilonio Tratado de Kidushín 29(B)).

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