20. Consulta a un rabino

La indicación más común, amén de figurar por  escrito en las responsas que se ocuparon de esta temática, es que a los efectos de emplear métodos anticonceptivos se debe consultar previamente con un rabino por cuanto que se trata de un tema tan crucial como complejo que merece un minucioso análisis. Paso a mencionar brevemente los factores a tomar en cuenta a la hora de decidir en esta materia: a) El número de hijos que la pareja ya engendró, si ya cumplieron con el precepto de acuerdo a las exigencias de la Torá o las rabínicas y a qué punto alcanzaron en este cumplimiento; b) La edad del marido: cuanto más alejado esté el hombre de la edad de veinte años es menos conducente autorizar la suspensión de la procreación si el precepto no ha sido cumplido aún; c) La edad de la mujer: cuanto mayor sea esta mayor es el riesgo que la suspensión temporaria de la procreación impida a la pareja tener el número de vástagos deseado a priori, al punto de que quizás no puedan cumplir con el precepto según los requerimientos de la Torá; d) El móvil del pedido: si se trata de una dolencia física o síquica, dificultades económicas, la necesidad de autorrealizarse, dificultades en cuanto a la crianza de niños pequeños así como la necesidad de evitar tensión y nerviosismo en el seno de la pareja; e) Si no es posible a priori efectuar la contracepción por medio de los dos métodos más aptos halájicamente que son las píldoras y el dispositivo intrauterino, es necesario sopesar el uso a posteriori de espermicidas o diafragma.

Además, a veces la pareja no ve la situación en su totalidad, pudiendo pensar que en virtud de lo importante del precepto no pueden permitirse evitar el embarazo, cuando quizás en su situación personal sería apropiado hacerlo por un año o más. Otras veces, las dificultades económicas les resultan más acuciantes de lo que realmente son y si evitan un embarazo ahora, en el futuro podrían arrepentirse y quizás entonces sea ya muy tarde. A los efectos de evitar errores de este tipo es oportuno asesorarse con un rabino, quien puede aconsejarlos sobre la base de su conocimiento de la pareja y sopesando cuidadosamente los valores que están en juego, para así ayudarlos a cumplir adecuadamente con el precepto de procrear tal que les resulte bueno en este mundo como en el venidero.

Desde un punto de vista estrictamente objetivo hay muchos casos que son sencillos y no requieren de consulta rabínica experta, como lo es el caso de una pareja muy joven que desea posponer el siguiente embarazo nueve meses  y hasta un año con posterioridad al parto. De todas maneras es bueno consultar a un rabino pues este puede quizás aclararles otras cuestiones y de esa forma la relación entre el rabino y la pareja se verá fortalecida. Cuando se trata de una pregunta compleja y si la pareja no conoce la problemática en profundidad, debe consultar a un rabino. En el caso de quien es ducho en el tema muy probablemente sepa cuáles son los pasos a dar, empero, dado que las personas pueden ser propensas a errar en la apreciación de las dificultades que debe enfrentar conjuntamente con los desafíos y los valores que la decisión implica, a veces sobredimensionando y otras minimizando diversos factores, por lo que si una pareja desea posponer el siguiente embarazo por más de un año deberá consultar a un rabino. A estos efectos es oportuno aconsejarse con un rabino que conozca a la pareja; en caso de que la esposa tenga buena relación con la esposa del rabino pueden convenir entre ellas que la asesoría sea entre las señoras directamente.

En caso de que la pareja carezca de vínculo con un rabino, es conveniente que se asesore con uno que conoce el entorno y los valores de los que proviene. De todos modos, su respuesta no podrá ser completa por cuanto que no media entre ellos una relación o un conocimiento previo, y el rabino no podrá apreciar si los cónyuges exageran o no a la hora de plantear sus dificultades o entender los desafíos que enfrentan.

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