36. La quinta copa – la del profeta Eliahu

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Se despertó una gran duda respecto de la quinta copa. Hay juristas que consideran que beber una quinta copa es un precepto excelso para cumplir, por lo que al finalizar el Halel se ha de beber la cuarta copa y la quinta se ha de beber al finalizar el Gran Halel y la bendición que le sigue. Otros juristas entienden que los sabios le brindan la oportunidad de beber una copa más a quien así lo desee, al tiempo que otros eruditos entienden que está prohibido beber la quinta copa.

En la práctica, no se acostumbra beber de la quinta copa, pero se acostumbra servirla y se la llama «la copa del profeta Eliahu». El Gaón de Vilna explicó que recibe ese nombre pues en todo caso de debate o duda halájico no resuelto solemos decir que cuando venga el profeta Elíahu lo resolverá, y por ello servimos la quinta copa en su honor pues cuando arribe nos indicará si corresponde o no beberla.

Esto también puede ser explicado del hecho que nuestros sabios estipularon que se beban cuatro copas de vino que se corresponden con las cuatro expresiones de liberación que fueron pronunciadas en la salida de Egipto: «os sacaré«, «os salvaré«, «os libraré» y «os tomaré» (Shemot-Éxodo 6:6-7). En ese pasaje se menciona también otra expresión de redención: «y os traeré a vosotros a la tierra«. Dado que esta expresión no está directamente asociada a la salida de Egipto, los sabios no nos ordenaron beber por ella una quinta copa, empero dijeron que es preceptivo hacerlo para aludir con esta a la redención completa cuyo inicio es el ingreso a la tierra de Israel. Es probable que la duda se origine en la pregunta de si tras la destrucción del Templo somos dignos de beber esta quinta copa. Quizás tras la destrucción del Templo corresponde únicamente que bebamos aquellas copas asociadas a la salida de la servidumbre de Egipto, pues esta redención sigue siendo evidente en nosotros; y también en un tiempo como este, en el cual las naciones del mundo esclavizan nuestro cuerpo, nuestras almas siguen siendo libres, pues a partir del Éxodo quedó claro que somos la nación escogida por D´s, recibimos la Torá y ninguno de los pesares por los que atravesamos quebraron nuestro espíritu y nuestra fe en HaShem, nuestro Salvador. Por ello bebemos cuatro copas de vino que se corresponden con las cuatro expresiones de redención. Empero la quinta copa no se corresponde únicamente con el éxodo, sino que alude a la redención completa la cual depende del ingreso a la tierra de Israel, ya que en este país la Divinidad se manifiesta en todos los ámbitos de la vida, en la Torá, en la profecía, así como también en la bendición de HaShem que reposa en la construcción del Estado y el florecimiento del pueblo. Este es el tema central del Sagrado Templo, unir Cielos y tierra y revelar Su unicidad, de Quien a todo le da vida. En efecto, el número cinco alude al punto interior y único que está en medio de las cuatro direcciones cardinales, y quizás la raíz de la duda se deriva de la pregunta de si tras la destrucción del Templo corresponde o no beber la quinta copa que alude a la redención definitiva.

La solución a esta disyuntiva es servir la quinta copa sin beberla como a cualquier otra de las copas hasta que se revele el profeta Elíahu, y al aparecer sabremos que llegó el momento de beber la quinta copa por nuestra completa redención.

Acostumbramos servir la copa del profeta Elías tras la ingestión de la tercera copa, que es cuando servimos a todos la cuarta. Se acostumbra mantener la copa del profeta Eliahu cubierta hasta la mañana y entonces devolvemos el vino a la botella y con este se realiza el kidush de la mañana.

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