19. Diferentes tradiciones en cuanto a la lectura de la Hagadá

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La Hagadá se lee con compostura y temor reverencial a D´s y por ello durante su lectura no solemos reclinarnos. Sin embargo, la seriedad con la cual se lee la Hagadá encierra una satisfacción y una alegría especiales por el hecho de que HaShem nos escogió de entre todas las naciones y nos concedió Su Torá (Shelá, Mishná Berurá 473:71, Kaf HaJaím 152).

Ya vimos que durante la lectura de la Hagadá la matzá debe estar descubierta, puesto que tal como explicaron nuestros sabios de bendita memoria el versículo «pan de la pobreza (´lejem oni´)» trata de un pan sobre el cual se responden («onim») muchas interrogantes (Talmud Babilonio Tratado de Pesajim 115(B)). Este es el fundamento de la ingestión de matzá en la noche del Seder tornar el relato de la salida de Egipto más vívido y fehaciente. Sin embargo, cuando alzamos la copa de vino al recitar «vehí sheamdá», «lefijaj anajnu jaiavim lehodot» y la bendición de la redención previa a la ingestión de la segunda copa, las matzot deben estar cubiertas. Esto obedece a que la matzá es más importante que el vino y por lo tanto, cuando sostenemos la copa en alto y le damos precedencia sobre la matzá, es menester cubrirlas para que no parezca que se honra más al vino que a la matzá (Shulján Aruj 473:7, Mishná Berurá 73). Por esta misma razón en cada Shabat y cada Yom Tov cubrimos las jalot durante el recitado del kidush con vino.

Al decir «esta matzá que nosotros comemos» el oficiante eleva los panes ácimos y los muestra a todos los comensales para tornar el precepto más preciado y querido. Asimismo, cuando se recita «este maror que ingerimos» elevamos las hierbas amargas. Empero, cuando recitamos «este sacrificio de Pesaj que nosotros comemos» no elevamos el zeroa, pues este no está conformado por la carne de la ofrenda y sólo es un recordatorio, y en caso de elevar el zeroa parecería como si se comiese carne de ofrendas sagradas fuera del área del Templo (Talmud Babilonio Tratado de Pesajim 116(B), Shulján Aruj 473:7).

Se acostumbra a asperjar o salpicar algo de vino de la copa al pronunciar cada una de las tres expresiones «sangre», «fuego» y» columnas de humo», así como también al enumerar explícitamente las diez plagas y al recitar sus iniciales דצ»ך, עד»ש, באח»ב. En total se asperjan gotas de vino dieciséis veces. Hay quienes acostumbran a hacerlo con el dedo y otros vierten de la copa en un recipiente roto (Ramá 473:7, Sha´ar Hatziún 81, Kaf HaJaím 163-164). En el caso de vino del año sabático, nuestro maestro el Rav Kuk instruyó que no se asperje de este, y si bien se trata de un uso preceptivo – la trascendencia del vino del año séptimo («sheviít») antecede en importancia a la práctica de la aspersión (Pninei Halajá Sheviít 4:5:5).

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