07. El vino

Dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Pesajim 108(B)) que para poder cumplir con el precepto de las cuatro copas íntegramente, se debe diluir el vino con un poco de agua para que no esté muy fuerte y no provoque ebriedad. En efecto, el vino levemente diluido alegra igualmente por medio del alcohol que contiene, y el precepto es beberlo como hombres libres, o sea, como personas acaudaladas que disponen de su tiempo y pueden permitirse beber el más exquisito de los vinos y servirlo placenteramente de modo tal que alegre mas no embriague. En la actualidad, nuestros vinos no son tan fuertes como antaño por lo que no es obligatorio diluirlos, y esto sigue siendo preceptivo únicamente en caso de que para alguien la dilución mejore el sabor o la influencia de la bebida (ver Mishná Berurá 472:29, hay quienes acostumbran a hacerlo como forma de cumplimiento excelente).

Por lo tanto, la excelencia en la expresión de la libertad se cumple actualmente adquiriendo un vino de calidad que puede causar embriaguez, y por medio del cual habrán de surgir los sentimientos de alegría, liberación y bienestar. Empero es necesario prestar a tención a que el vino no sea demasiado fuerte e impida que nos concentremos debidamente en la lectura de la Hagadá y el cumplimiento de los preceptos de la noche del Seder. Por lo tanto, se deben beber cuatro copas de vino de modo tal que este alegre mas no embriague ni produzca agotamiento. Si a alguien le cae pesado beber una copa entera de vino o hacerlo puede impedirle cumplir los preceptos del Seder como corresponde, puede mezclar junto al vino jugo de uva, agua o ambos conjuntamente siempre y cuando el agua no se torne mayoritaria en la mezcla. De esa forma, la persona por un lado habrá de beber vino embriagante y por la otra podrá alegrarse con este y cumplir adecuadamente con todos los preceptos de la noche del Seder. Asimismo, podrá emplear vino con un porcentaje reducido de alcohol.

Si bien a posteriori se puede cumplir bebiendo jugo de uva, es necesario saber que cuando nuestros sabios establecieron que se beban cuatro copas no imaginaron que algún día se habría de beber jugo de uva, pues en ese tiempo no existía la posibilidad de preservar el jugo desde la vendimia en el otoño hasta la fiesta de Pesaj en la primavera sin que se avinagrara. En aquel entonces, aunque el vino causase dolor de cabeza o resultase desagradable al paladar era preceptivo beber las cuatro copas. Se cuenta que Rabí Iehudá Bar Ilai precisaba atar un pañuelo a su cabeza desde Pesaj hasta Shavuot por el dolor que le provocaba beber cuatro copas de vino durante el Seder. De beber vino se eximía únicamente aquella persona a la cual este le provocaba enfermarse y caer en cama (Talmud Babilonio Tratado de Nedarim 49(B), Shulján Aruj 472:10, Mishná Berurá 35). La intención original del decreto de los sabios fue que recitemos la Hagadá y narremos la salida de Egipto bebiendo vino ya que esta alegra, y quien bebe jugo de uva no cumple el precepto tal como fue estipulado. Empero, dado que hoy existe el jugo de uva, quien al beber vino padece de malestares tales como dolores de cabeza puede cumplir bebiendo zumo. Las mujeres están preceptuadas de beber cuatro copas de vino al igual que lo están en todos los demás preceptos de la noche del Seder (Shulján Aruj 472:14). El precepto se cumple bebiendo un vino que alegra.

Es preceptivo escoger un buen vino que deleite y a la vez provoque regocijo para así cumplir con excelencia el precepto de las cuatro copas, y es mejor si este es tinto. Sin embargo, un vino blanco de gran calidad es preferible a uno tinto de inferior condición. A posteriori, se cumple bebiendo cualquier tipo de vino e incluso vino blanco de baja calidad (Shulján Aruj 472:11).

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